Sola y Perdida

Consulta:

Buenos días, me llamo Rocío y acabo de llegar de Bogotá (Colombia) a España. Venía con mucha ilusión y con ganas de hacer muchas cosas, pero me siento extraña y muy perdida. No sé si me arrepiento de haber venido aquí porque no conozco a mucha gente y está más difícil de conseguir trabajo de lo que creía. Desde hacía años mi fantasía era venir a Barcelona, porque cuando vine de visita la primera vez me enamoré de esta ciudad, pero ahorita todo es más complicado porque me siento sola y tampoco tengo mucho dinero para gastar, más bien necesito ahorrar hasta que encuentre trabajo.

¿Algún consejo? ¿Creen que me equivoqué viniendo acá?

Rocío C., 27 años.

 

Respuesta:

Buenos días, Rocío

Quizás te sientes sola y un poco perdida y redes como las que se van tejiendo desde esta revista te ayuden a sentirte más arropada en esta nueva aventura que has emprendido.

Es cierto que a veces fantaseamos con cambiar de vida, de ciudad, de país… pero poca gente se atreve a materializar esa ilusión, así que, felicidades por ser una valiente y conseguir lo que un día te propusiste. Los sueños están hechos de un material muy esponjoso: son flexibles y se amoldan a lo que nuestra imaginación proyecta, eso no significa que la realidad no pueda ser como deseamos, pero a diferencia de los sueños necesita trabajo artesano para ir construyéndose como queremos.

Hay una parte de nosotros mismos que se nutre de objetivos a corto y largo plazo y cuando conseguimos uno de esos objetivos —más aún si es nuestro “gran” objetivo— algo dentro de nosotras se queda vacío. Hay un hueco que antes ocupaba esa ilusión y que ahora toca llenar de experiencias reales. Sentir esta carencia es completamente normal, por eso existe el “proceso de adaptación” en el que asimilamos dónde estamos y vamos empapándonos de esa nueva vida, tan desconcertante como emocionante, que tanto deseábamos.

Actualmente estamos tomando conciencia de la permeabilidad de los límites entre nacionalidades, puesto que, a causa de la crisis, cada vez somos más las que volamos en busca de nuevas oportunidades a otros países. Lejos de ser una tragedia, es un enriquecimiento entre naciones, donde cada vez hay menos categorías y más personas iguales con un objetivo común, el de buscarse la vida, es decir: encontrar una vida más gratificante.

¿Quién sabe lo que nos depara el futuro? Solo podemos dar pasos en la dirección que nos gustaría caminar —“caminante, no hay camino, se hace camino al andar”— y disfrutar de esos descubrimientos, de esas diferencias culturales, de esa extraña forma de nombrar las cosas con otras palabras, de esas personas con bagajes diferentes y con almas iguales.

Mucha gente se siente frustrada cuando llega a otro sitio y no encuentra su lugar, otras se sienten tristes de haber perdido su posición social o su red de contactos, otras echan de menos a su familia… pero, por encima de eso prevalece una especie de euforia sutil por labrarse un futuro propio pese a las adversidades (trámites burocráticos, búsqueda de vivienda, de trabajo, soledad…). Al final, muchas de estas aventureras se unen por intereses comunes y encuentran una familia adoptiva en la que cuidarse mutuamente para sentirse, entre el ruido de las ciudades, más unidas y acompañadas que nunca.

 

Paula Alcaide

Psicóloga Social y Clínica, Psicoterapeuta especializada en problemas afectivos-emocionales, problemas de autoestima, dependencia emocional, relaciones de pareja. Colegiada con Núm. 20186. Puedes enviar tu consulta a: [email protected]

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