Sentir, hacer y decir

salir del armario lesbianas

Sentir, hacer y decir. Consejos para salir del armario.

Salir del armario, quizá sea una de las decisiones más complicadas y a la vez más satisfactorias de la vida de toda lesbiana. Vivir fingiendo ser otra persona y sintiendo miedo a ser rechazada por ser una misma, en ocasiones, puede convertirse en algo muy angustioso que puede generarnos un constante estado de alerta y hacer que entre nosotras y el mundo construyamos un muro para no ser lastimadas, muro que igual que nos protege de las flechas, también nos distancia de los besos.

Por desgracia, a pesar de que hoy en día, en nuestro país existe una ley acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo, siguen siendo necesarios artículos como este, ya que los niveles de homofobia, aunque decrecientes, persisten y provocan que las personas con una o

rientación homoerótica pasen etapas de desasosiego y/o malestar emocional por sentirse diferentes. Cuando paradójicamente no existen dos individuos con genes, hormonas, cuerpos, pensamientos, sentimientos, educación, experiencias y expectativas sociales iguales, tampoco existen dos eróticas iguales. Por lo que todos, homosexuales, heterosexuales, bisexuales, asexuales.., somos “raros” y/o diferentes.

En la actualidad, no hay semana en la que alguien conocido no salga del armario y genere cierta polémica sobre la conveniencia o no, de hacerlo así como el momento elegido y/o la forma. Obviamente, antes de “salir del armario”, hay que sentirse lesbiana, es decir, pasar por un proceso de autodefinición en el que asumamos nuestra orientación y nos identifiquemos como tal. No puedo decir lo que soy si no siento que lo soy. Dicho proceso requiere, normalmente, pasar por las siguientes fases:

1. La percepción de sentirse diferente

Bien porque somos conscientes de sentirnos atraídas por otras mujeres o por no sentirnos atraídas por hombres. Muchas mujeres que no se sienten atraídas por hombres interpretan que no han encontrado al hombre adecuado y su atracción hacia alguna mujer pueden confundirla con amistad o admiración.

Autorreconocimiento: ya no cabe duda de que me atraen personas de mí mismo sexo.

2. Experimentación y exploración de conductas homosexuales

Se mantienen las primeras relaciones sexuales con otras mujeres. Se busca a otras personas que sientan lo mismo produciéndose un acercamiento al “ambiente”.

No me siento lesbiana,
pero mantengo relaciones con mujeres

3. Aceptación de la identidad

Comenzamos a sentirnos bien sintiendo lo que sentimos y haciendo lo que hacemos.

Estas tres fases no son secuenciales sino que coexisten en el tiempo y es en ellas donde más frecuentemente surgen dificultades y/o malestares. Cuando esto sucede suele deberse a la homofobia interiorizada. Superar la homofobia interiorizada requiere terapia. Un tratamiento psicológico concreto llevado a cabo por un psicólogo/a con formación específica en diversidad afectivo-sexual.

Identificarte como lesbiana

Una vez asumida nuestra orientación e identificarnos como lesbiana, el siguiente paso sería “salir del armario”. Declarar voluntaria y públicamente nuestra homosexualidad, generalmente, suele hacerse primero con otros amigos gays, luego con amigos heterosexuales y más tarde ante la familia y en el trabajo.

La Homofobia Interiorizada

Herek, Cogan, Gillis & Glunt (1997) la definen como:
• La aversión hacia los propios sentimientos y comportamientos homosexuales pero también como la actitud hostil y de rechazo hacia otras personas homosexuales.
• La denigración de la propia homosexualidad como estilo de vida aceptable.
• La falta de voluntad para revelar a los demás la propia homosexualidad.
• La percepción del (y miedo al) estigma asociado con ser homosexual.
• La aceptación (“inconsciente”) de los estereotipos sociales sobre la homosexualidad. Dicha dificultad para asumir, aceptar o visibilizar nuestra homosexualidad puede originarnos distorsiones cognitivas respecto a la propia y ajena homosexualidad, baja autoestima, ansiedad, tristeza, vergüenza y rabia que convierten nuestra vida como homosexual en una tarea casi insoportable.

Recomendaciones

1. Sé consciente de que es un proceso y que tendrás que hacerlo en infinidad de ocasiones. Armarios hay muchos y motivos para no salir de ellos más; pero no olvides, que no hacerlo te aleja de los que te rodean y puede volverte una persona distante.

2. Comienza primero con aquellas personas con las que te sientas más cómoda, contándoselo de una en una. Eso hará más fácil salir en las siguientes veces.

3. No lo hagas durante una discusión o si la persona a la que se lo vas a decir pasa por malos momentos o si temes que la reacción va a generarte consecuencias negativas o malestar emocional.

4. Si la gente reacciona airadamente o de manera agresiva, o no desea escuchar lo que estás contando, no continúes.

5. Si necesitas ayuda búscala. En un estudio llevado a cabo en el Centro de Estudios sobre el Estrés Humano del Hospital Louis H. Lafontaine de la Universidad de Montréal, hallaron que lesbianas, gays y bisexuales que habían revelado su orientación sexual tenían unos niveles más bajos de la hormona del estrés (cortisol) y menos síntomas de ansiedad, depresión y agotamiento que los que estaban en el armario.

Razones para salir del armario existen muchas; la más importante, en mi opinión, es la de sentirse bien. Mi experiencia clínica me dice que para que una esté bien con
algo, lo que siente, lo que piensa, lo que hace y lo que dice han de ser congruentes, es decir, estas cuatro entidades han de expresar lo mismo.

Según estén combinados incongruentemente, estos cuatro elementos darán lugar a muy diversas problemáticas con muy distintas consecuencias. Cada caso es único,y sin ánimo de ser reduccionista, los más habituales suelen ser:

• Sí siento que soy lesbiana pero no mantengo relaciones con otras mujeres. Además pienso que está mal serlo y no digo nada. Estaré avocada a estar sola o a mantener relaciones insatisfactorias. Mis vínculos con otras personas estarán basados en una omisión y/o mentira y ello me llevará, probablemente, a vivir una vida que no sentiré como mía.

• Sí siento que soy lesbiana, mantengo relaciones con mujeres, pero pienso que está mal hacerlo y/o serlo y lo oculto. Seguramente me generará un estado de
angustia y ansiedad que provocará en mí un conflicto que puede hacer que aleje a las personas con las que me relaciono sexualmente.

• Sí siento que soy lesbiana, mantengo una relación con una mujer, pienso que está bien sentir y hacer lo que hago, pero no lo revelo a aquellos que me rodean. Viviré en estado de alerta y estrés, intentando controlar quién sabe qué y no expresando según
qué conductas para no levantar sospechas, privándome y privando a los que me rodean de vivir muchas situaciones plenamente.

• No me siento lesbiana, pero mantengo relaciones con mujeres. No me planteo si está bien o mal y oculto lo que hago o únicamente lo cuento a alguien muy cercano. Estaré, seguramente, haciendo daño y alejando a mi amante.

“Salir del armario quizás sea una de las decisiones más complicadas y, a la vez, más satisfactorias de la vida de toda lesbiana”

Todas estas situaciones tienen un denominador común, el sufrimiento.
Te genera malestar y deberías intentar cambiarlo con la ayuda de un profesional.

En ocasiones, requerirá mucho esfuerzo, en otras, durante el proceso te sentirás mal o perderás a gente a lo largo del camino; pero si algo puedo asegurar es que los besos compensan las flechas y que por ello derribar los muros que nos rodean merece la pena.

 

Texto: Ana Adán | Sexóloga

Artículo de MagLes magazine #17 (pgs. 8-10)

More from Redacción MagLes

Alba le pide la mano a Dulceida

Alba le pide la mano a Dulceida Pues ya hará más de...
Read More