La historia de una joven monja descubre que es lesbiana

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Thaís Mariane Antonio ahora mismo es sommelier de cerveza y, según ella, una apasionada de ella. No siempre fue así, claro, y es Thaís es la protagonista de una de las historias que está revolucionando la red. Según cuenta para Marie Declercq, a los 21 años se embarcó en el camino de la Orden Franciscana para finalmente ser monja. Durante este largo camino, Thaís fue consciente de que había indicios suficientes como para pensar que su sexualidad estaba latente y que, bajo ninguna sospecha previa, era lesbiana. 

En el texto original en portugués y traducido por Bernardo Tavares, Thaís Mariana cuenta cómo comenzó todo: “Mis papás no quedaron muy felices cuando, a los 16 años, les dije que me quería volver monja. Ellos no eran religiosos fanáticos; nadie de mi familia lo era. Tomé clases de catecismo y crisma, algo que es normal en un país católico como Brasil, pero después de eso me empecé a quedar en la iglesia y participé en los encuentros y retiros espirituales. Fue por medio de estas reuniones que conocí la fraternidad franciscana y me di cuenta que ese era el camino que quería seguir por el resto de mi vida”. Así es como Thaís tomó un camino que no considera un error, sino el medio que le redescubrió la verdad que vive ahora. “Aprendí muchas cosas, maduré y una buena parte de lo que soy en la actualidad se lo debo a esa época en que serví a Dios. Si no fuera por ello, no sería ni mitad de lo que soy hoy”, comenta Thaís.

Antes de comenzar su camino, jamás se planteó su orientación sexual. Había besado chicos con bastante inocencia (eres hetero hasta que se demuestra lo contrario, como nos quiere hacer creer la sociedad). En el noviciado empezaron las primeras señales. Thaís pensaba que el cariño y la cercanía que tenía con otras chicas que se preparaban junto con ella para consagrarse se basaba en la convivencia. Todas dormían juntas, se apoyaban… eran su nueva familia. “En una de esas noches , mi mano tocó la de mi hermana y nos hicimos cariños”, relata la sommelier. “Ya no podía volver atrás, porque ya había empezado a cuestionarme”.Después de ese confuso encuentro, hubo otras. Nunca hubo besos hasta que la trasladaron a Contagem donde conoció a una hermana que estaba a punto de terminar el noviciado y consagrarse como monja. “Cualquier cosa podría comprometer sus próximos pasos”, explica sobre su compañera. 

Thaís tuvo que alejarse de sus compañeras porque no quería interferir en su camino ni que interfirieran en el suyo propio. Como le cuenta a Marie Declercq, “empecé a excluirme para evitar cualquier sentimiento de ese tipo. Para mí, esa era la única solución”. Sin embargo, en las charlas con la madre superiora, confesó. “Normalmente, cuando una hermana le llevaba ese tipo de problema a la superiora, según lo que yo sé, era costumbre llevarla para que le dieran ayuda psicológica y una cura interior: una cura para la homosexualidad. No sé por qué, pero a mí nunca me hicieron nada. Traté de aislarme lo más posible, pero era físicamente imposible porque todas estábamos conviviendo juntas 24 horas al día. En eso, terminé acercándome a una hermana y terminaron pasando los mismos cariños que evolucionaron en besos y un toqueteo inocente. ¡Cosas de Dios!”

Un día Thaís le confesó sus deseos de irse a la madre superiora. Según cuenta, la madre superiora solo le hizo una pregunta, y es que quería saber si era tan bueno como decían. Solo eso. “Descubrí que esa hermana superiora renunció en 2017. Yo quería descubrir si era lesbiana”

Después de todo lo que vivió, Thaís se fue de la orden a los 23 años, 5 después de su llegada. Intentó salir con chicos por culpa. La situación cambió cuando decidió mudarse de ciudad. Conoció a una chica y ya llevan juntas más de tres años. La sommelier resume que “el carisma franciscano es maravilloso, lo que lo arruina son las personas. Incluso siendo quien soy hoy en día, nunca dejé de ir a misa”.Desde luego, una historia fascinante con un buen final. ¿Qué hicisteis vosotras frente a las señale?

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