Unión entre mujeres | Matrimonios bostonianos

Matrimonio bostoniano

 

Por: Samara Martinez
Periodista y escritora| @Sam_Prietova

Existía en el siglo XIX una unión entre mujeres al que se le llamó matrimonio bostoniano. El nombre bien pudo venir por la novela de Henry James, Las bostonianas, o porque era en Boston algo muy común. Las mujeres tenían este tipo de relaciones íntimas; la novelista Sarah Orne Jewett y la escritora Annie Adams Fields mantenían una, de hecho. Este tipo de relaciones eran de una “devoción perfecta” como apuntaba James de la relación que mantenía su hermana Alice con otra mujer con la que convivía.

La historiadora Lillian Faderman explica en su ensayo de 1993, Boston Marriages, que para una mujer que quería enfocarse en su carrera a finales del siglo XIX estos matrimonios tenían mucho sentido. «Parece que en esa época entendían que si una mujer quería dedicarse a las carreras profesionales que les estaban abriendo sus puertas no podían atarse a embarazos continuos y a llevar un hogar. Era mejor quedarse como una “solterona”. Eso la condenaba a la castidad con los hombres pero no había ninguna razón para negarle la compañía de una íntima amiga».

Los hombres ocupaban un papel secundario. Ellos no se sentían intimidados por otras mujeres y ellas disfrutaban del amor casto hasta el matrimonio -o no- con su futuro esposo, a quien se le entregaría virgen.

Faderman alega, además, que las mujeres de alta sociedad podían coquetear, besarse o “hacerse ojitos” sin desprender sexualidad con esos actos. La sociedad de entonces veía los hogares bostonianos como algo puro o virginal, lo contrario hubiese sido impensable.

El lesbianismo apareció en 1870 censurando este tipo de relaciones románticas entre mujeres en Boston. Tenía como referentes algunos escritos británicos del siglo XVIII que no alertaron a nadie. Sin embargo, cuando en los diccionarios médicos registraron la palabra lesbiana, la sociedad comenzó a tratar este tipo de relaciones con recelo.

En el siglo XX los científicos y los humanistas comenzaron a trazar líneas que dividían y catalogaban las diferentes maneras de amar. La etiquetas sexuales fueron asignadas. Desconfiaron de las que no eran válidas para procrear. Fue entonces cuando, según académicas como Stephanie Coontz, Jaclyn Geller o Esther Rothblum, se construyó un nuevo concepto de «orientación sexual» que no existió antes.

Fuente: Mar Abad para www.yorokobu.es

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