Lesbiana ya no es una palabra tabú

Por: Begoña Merino
Periodista y blogger | www.begonamerino.comUna de las causas con las que estoy comprometida es la de la lucha por los derechos de la mujer y los derechos LGBT. Partiendo de mi experiencia, quise educar a la sociedad para romper los estereotipos lésbicos. Decidí plantear un documental en el que se respondiesen las dudas más comunes que tienen las personas heterosexuales acerca de las relaciones entre mujeres.Cuando lo filmé era estudiante y no contaba con muchos recursos económicos. Ahorré durante un par de meses para pagar los gastos de grabar en tres ciudades. Y tuve que hacer peripecias y pedir muchos favores para conseguir el material que necesitaba para la grabación.

Como en aquel momento estaba estudiando con una beca Séneca en Málaga, no contaba con mis compañeros de promoción para ayudarme o con un tutor de proyecto que se implicase en mi trabajo. Sin embargo, tuve la suerte de contar con buenas amigas que me echaron una mano con el material y la grabación de alguna entrevista.El gran inconveniente fue el no contar con más ayuda. Aunque tuve amigas que me echaron una mano, eran personas ajenas al mundo audiovisual. Así que yo misma tuve que encargarme de todos los aspectos de la producción. Por ejemplo a la hora de grabar, me resultó muy difícil encargarme de iluminación, sonido y cámara a la vez, era imposible controlar que todos los elementos estuvieran perfectos.Fue difícil conseguir el permiso de la universidad y un profesor-tutor para presentar el documental como proyecto de fin de carrera. Cuando me decidí a grabarlo, yo estaba haciendo otro proyecto con una compañera, pero no me motivaba. Conseguir que la universidad me dejase cambiar mi propuesta fue toda una odisea. Cuando por fin lo logré, tuve que pedir a doce profesores diferentes que tutorizasen mi trabajo porque nadie quería poner su nombre en un reportaje sobre temática lésbica. Para mí este inconveniente hizo todavía más evidente la necesidad de crear un documental que normalice la visión sobre las mujeres homosexuales.Presenté el documental ante el tribunal en septiembre de 2013, pero hasta 2015 no me decidí a enviarlo a concurso. Siendo sincera, la única razón para esperar 2 años fue la falta de confianza. De hecho presenté mi trabajo al concurso sin contárselo a nadie y me sorprendió muy gratamente que fuese seleccionado.

La noche de la entrega de premios fue un poco agridulce porque por aquel entonces yo estaba trabajando en Londres y no pude ir. Me enteré por Facebook de que había ganado el premio Miguel de Molina Joven y me hizo muchísima ilusión, pero también me dio pena el no estar allí. Por suerte unos días después volé a Málaga para recoger el premio y hablar sobre el proyecto en Onda Litoral.Tras ganar el premio, mis amigos de Londres empezaron a mostrar interés en ver el documental, así que decidí traducirlo al inglés bajo el nombre Say Lesbian. También aproveché para cambiar algunas imágenes por otras de mejor calidad, reducir un poco la duración y darle un look más moderno a la tipografía.Convoqué un casting a través de las redes sociales, colgando carteles por las facultades y repartiendo panfletos por los bares lésbicos de Torremolinos. Quería romper estereotipos, mostrar chicas muy diferentes unas de otras y probar que no todas las lesbianas llevan camisa de cuadros y pelo corto.
Después de llevar a cabo una serie de entrevistas por Skype, Marta y Nikki fueron seleccionadas entre las chicas que se presentaron voluntarias.

La directora de las revistas MiraLES y Oveja Rosa, María Jesús Méndez, me contactó directamente y se ofreció a echar una mano participando en el reportaje. Era mi primer proyecto y contar con ella era todo un lujo para mí, todavía hoy le estoy muy agradecida. En mi opinión, el documental perdería mucho sin sus aportaciones.

El caso de María Sánchez es el más simpático. Lo primero que le dije a María cuándo me la presentaron una noche de fiesta, fue que tenía que aparecer en mi documental. Así, sin un “hola” de por medio, ni nada. Yo quería romper los estereotipos y María los rompía por todos los costados, tenía muy claro que la quería en el reportaje.Por más que insistí, ella se negó durante meses y no fue hasta que en el último minuto una de las protagonistas se echó atrás, que María se compadeció de mí y accedió a participar como favor personal.

A raíz de la grabación de su entrevista nos hicimos muy amigas y a día de hoy es una de mis personas de confianza y nos vemos varias veces al año.El documental ha sido proyectado en festivales y ciclos de cine en España, Mexico y Argentina y tiene más de 57800 reproducciones en Youtube y Vimeo.

La gente que me escribe suele hacerlo felicitándome o preguntándome algún detalle sobre la grabación. Muchas chicas me dan las gracias por haber creado el documental, sobre todo mujeres de países latinoamericanos en los que se goza de menos libertad que en España. Yo agradezco mucho que estas personas dediquen unos minutos de su tiempo a contarme que les ha gustado lo que han visto, esto me hace sentir que mi trabajo tiene un valor.

Por otro lado, tras ganar el premio Miguel de Molina Joven, Lesbiana ya no es una palabra tabú se ha introducido en la programación LGBT de algunos institutos españoles. Pienso que es de vital importancia educar a los jóvenes en la diversidad sexual y me siento orgullosa de poder aportar mi granito de arena.Recibí un chute de realidad. De pronto me hice más consciente de la gran responsabilidad que las mujeres homosexuales tenemos de cara a la normalización del colectivo en la sociedad. Aprendí que somos nosotras las responsables de defender nuestros derechos y de hacernos visibles. Somos nosotras las que debemos impulsar el cambio que queremos ver a nuestro alrededor, y no esperar que de un día para otro la sociedad cambie por sí sola.

Algunas mujeres no son conscientes de esta responsabilidad, yo misma no lo era. Se trata de gestos sencillos como corregir a ese señor que te pregunta si siendo tan guapa no tienes novio, darle un beso a tu chica en público aunque esas señoras os miren raro, o hacerle entender al chico que os hace un comentario inapropiado a tu novia y a ti, que lo que ha dicho no está bien. Estos pequeños detalles que quizás para ti suponen unos segundos de incomodidad, hacen mucho bien y cambian la mentalidad y perspectiva de la gente poco a poco.En mi vida diaria me doy cuenta de la ignorancia y los estereotipos que todavía existen. Por ejemplo cuando veo las reacciones de la gente a mi alrededor al escuchar que soy lesbiana o cuando ven a dos chicas en actitud cariñosa por la calle.

Estas situaciones se dan por desconocimiento, porque la sociedad no nos educa en la diversidad sexual ni existen suficientes referentes. Esto me da mucha rabia y por eso decidí que debía hacer algo y aportar mi granito de arena para cambiar la situación.Ahora mismo no tengo en marcha ningún otro trabajo de temática LGBT pero ocupo mi tiempo en un proyecto con el que también me siento identificada e ilusionada. Trabajo con Ángel Alegre en su blog Vivir al Máximo, donde muestra a las personas cómo escapar de una vida convencional que no les hace felices y tener más tiempo para disfrutar de su vida.

Además, también tengo mi web, www.adrilueiro.com en la que recibo propuestas para trabajos audiovisuales y solamente escojo aquellas con las que me siento conectada de alguna manera y pueden aportar valor a la sociedad. Lo cierto es que estoy deseando colaborar en alguna pieza audiovisual feminista, así que si estás leyendo esto y tienes algún proyecto entre manos, no dudes en contactarme J

Por último estoy gestando algunas ideas para un proyecto sobre la defensa de los derechos de la mujer con una amiga, que espero que vea la luz.Me gustaría mencionar una frase que mi amiga María Sánchez dice en el documental “La lesbiana tiene la doble discriminación, la discriminación por ser homosexual y la discriminación por ser mujer”.

Si estás de acuerdo con esa frase, te animo a que construyas una nueva realidad con los pequeños gestos de tu día a día. Defiende tus derechos como mujer, defiende tus derechos como homosexual. Hazlo con humor, no es necesario enfadarse.

Por ejemplo, yo tengo una pequeña lucha personal contra el catcalling. Si voy por la calle con mi novia y un hombre “muy simpático” nos grita algo inapropiado, me doy la vuelta, lo saludo amablemente y le pregunto por qué se ha sentido en la necesidad de decirnos eso. Normalmente tengo una conversación de uno o dos minutos con él, en la que le explico que a nosotras no nos apetecía escuchar eso y que no es de buena educación lo que ha hecho.

Las primeras veces que hice esto, me resultaba muy incómodo y a veces me iba súper frustrada porque mi interlocutor era un necio. Sin embargo, cuando ya lo había hecho 5 o 6 veces, empezó a ser más fácil.

Este es sólo un ejemplo pero hay cientos de pequeños gestos que puedes tener en tu día a día para defender tus derechos y colaborar en la creación de una sociedad más informada y acogedora.

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