La vie d'Adèle triunfa en Cannes

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La Vida de Adele

La vie d’Adèle, dirigida por el realizador tunecino Abdellatif Kechiche, ha hecho historia al ser la primera historia de amor lésbico que ha logrado la Palma de Oro a la mejor película en 66ª edición del Festival de Cannes, después de cumplirse todas las expectativas de crítica y público que la situaban como la gran favorita de este año. En la emocionante ceremonia de entrega del palmarés, el presidente del jurado, Steven Spielberg, destacó que el premio era un reconocimiento al trabajo de tres artistas, el director y las excelentes actrices, Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos. Además de llevarse el mayor galardón del festival, La vie d’Adèle ha logrado el prestigioso galardón FIPRESCI que concede la Federación Internacional de Críticos de Cine, «por la “humanidad” de una historia que narra la relación entre dos mujeres».

El film narra, al estilo de una bildungsroman, la historia de Adèle (Exarchopoulos), una adolescente de 15 años confusa sobre su orientación sexual, que al conocer a una chica de pelo azul y estudiante de arte, Emma (Seydoux), descubre su lesbianismo y su primer amor. A lo largo de tres intensas horas, el film desgrana los sentimientos de Adèle y su relación con Emma durante diez años hasta llegar a su primera juventud. La película está basada en la reconocida novela gráfica Le Bleu est une couleur chaude (El azul es un color cálido, publicada en España por Dibbuks), de la dibujante francesa Julie Maroh. Sin embargo, a diferencia del cómic que sitúa la historia en un contexto de militancia y activismo homosexual en la década de los noventa, La vie d’Adèle se centra más bien en los personajes, y en los encuentros y desencuentros de esta bella historia de amor apasionada.

Aunque todavía no tenemos el tráiler de la película y ante el esperadísimo estreno en nuestro país os dejamos aquí dos clips para abrir boca (Blue is the Warmest Color, subtitulados en inglés):

Como ha señalado la crítica, La vie d’Adèle es una película que brilla tanto por su estilo realista como por su indiscutible sensibilidad, «es un prodigio intimista, que bucea con arte y sutileza en los sentimientos de una mujer» (Carlos Boyero), y así cuenta con las mejores, intensas, sinceras y hermosas escenas de sexo lésbico filmadas hasta la fecha, sin caer en el morbo o la complacencia de la mirada masculina. En largos planos secuencia, Kechiche muestra explícitamente con su cámara la relación de los cuerpos palpitantes, sensuales, movidos por un deseo animal, y logra representar con veracidad la expresión de un amor puro y perfecto.

Tras recibir la Palma de Oro, Kechiche dedicó el premio «a la hermosa juventud que me encontré, gente que me enseñó mucho sobre el espíritu de libertad […] por su aspiración de vivir con libertad, expresarse libremente y amar con plena libertad»; por su parte, Adèle Exarchopoulos agradeció a su compañera de reparto, Léa Seydoux, su generosidad, y a todo el equipo de la película.

La vie d’Adèle es una coproducción de Francia, Alemania y España (Vértigo Films), y su estreno está previsto en Francia para octubre de este año, por lo que, pese a la controversia sobre las escenas sexuales y los posibles problemas para su estreno a causa del lesbianismo, el filme se ha vendido ya a varios países del mundo.

Desde MagLes nos alegramos mucho del triunfo de La vie d’Adèle.

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1 Comment

  • Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada? Mucho más importante y vital para la trama era la escena suprimida en el montaje final de los padres de Adèle echándola de casa cuando la pillan en la cama con Emma, que en el cómic marca un punto de inflexión importantísimo en la vida de la protagonista y así debería haber sido igualmente en la película para entender mejor su desamparo y su soledad. ¿Por qué se suprimió entonces? ¿Para darle más minutos al sexo? Resulta incomprensible.
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales deben ser aquellas que despiertan los deseos del público. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

    Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”.
    Recomiendo encarecidamente la lectura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por sí mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el recurso más fácil y explícito. Es verdaderamente una lástima.

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