La barrera de la vergüenza en la pareja

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La conoces y es como un ángel caído del cielo: pura, perfecta, sin el lastre fisiológico que sufrimos el resto de las mortales. Pero no, definitivamente, no. Tendemos a idealizar a la persona con la que estamos y durante cierto periodo de tiempo hay que superar ciertas barreras para darte cuenta de que sí, que es humana como tú y como yo (bueno, lo mío está por ver).

No nos engañemos, quedando un par de horas cada dos días, yendo al cine, a pasear y a tomar una copa, no tenemos referencias suficientes sobre ella. Siempre arreglada, siempre perfecta, siempre tal y como la conociste. Quizás la primera barrera se supera la primera vez que quedáis para comer. Sí, parece una cita muy típica, pero hay gente que le da una vergüenza horrible ponerse a comer delante de una persona. Silencio -obvio, estas comiendo- y algún que otro malabar para hacer que ese noodle no quede ridículamente colgando de tu boca mientras la otra te habla. ¿No os ha pasado que cuando ya hay confianza se devora como un animal lo que antes se comía como una delicada princesa a dieta? Si quieres superar la barrera de una manera implacable, llévala a cenar una buena hamburguesa doble con bien de queso.

Eso, cuando aún no habéis dormido juntas, porque el día que eso pase, te verá en pijama, despeinada, sin maquillaje y con ese olor mañanero que inevitablemente desprende el cuerpo antes de pasar por la ducha. Personalmente, yo lo encuentro hasta sexy. Además, después de verla así, no hay nada que no pueda gustarte de ella. Incluso cuando enferme en invierno y tenga la nariz mocosa y roja con los ojos llorosos con una voz gangosa. Si es la adecuada, te parecerá adorable. ¡Es humana (aunque no lo parezca), algún día la tendrías que ver así!

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