Habrá que prepararse

Como el embarazo es la etapa de las recomendaciones – las que te hacen a ti, claro –, nos hablaron de una comadrona. Esa sería la que “mejor nos iría, por que al ser lesbianas”, pues eso, que debemos tener una preparación especial o algo, no me quedó muy clara la razón. Fue la recomendación de una de esas personas, que se son superguays porque te tratan supernormal, a pesar de ser…” así”, pero luego siempre tiene un matiz bastante incordiante, para todo. Pero no estábamos para entrar en debates. Fuimos a ver a la comadrona prolesbianas.

Resultó que la mujer se cogía, prácticamente, todo el verano de vacaciones. Para tenerme contenta – eso se lleva mucho con las embarazadas, sea como sea, tenerlas contentas –, me mandaron a unas charlas: el equipo del hospital, al que yo no iba a ir, visita al hospital, al que yo no iba a ir… Y luego, otra sobre pañales, por supuesto, patrocinada por una marca. Me encanta este marketing disfrazado de favor. En esta, me alegré de que mi mujer no me hubiera acompañado, y sentí pena por los papis, a partes iguales. Básicamente, se centró en lo bien que lo hacen todo las mamás y lo enormemente torpes que son los pobres papás. Les hicieron poner un pañal – mientras yo pensaba en la suerte de L, por haberse librado del trago, entre tanto hombre –, a la vez que las mujeres nos reíamos desde nuestras sillas, de su inhabilidad. Sí, yo también me reía, no sé si de ellos o era una risa por compromiso…

Se centró en lo bien que lo hacen todo las mamás y lo enormemente torpes que son los pobres papás…

Después, con tanta charla de hospital, me despertó la curiosidad por el mío. Llamé para visitarlo. A la gran ciudad que nos fuimos mi mujer y yo, una tarde de septiembre. Al hospital CIMA de Barcelona. Nos encantó nada más entrar. La chica nos explicó cómo era, normalmente, el proceso. Nos enseñó las instalaciones, todo – excepto el quirófano, claro –, y nos resolvió la duda más importante que llevábamos: podría tener acompañante en el quirófano. El niño estaba aposentado desde hacía semanas y no parecía tener intención de girarse a esas alturas. También nos dijo por dónde debíamos entrar si veníamos de parto, lo que al principio me pareció una información inútil, ya que la mía me la iban a programar. Nota: ¡nunca, ninguna información es inútil!

El niño estaba aposentado desde hacía semanas y no parecía tener intención de girarse a esas alturas

En la planta de maternidad estaba todo: salas de partos, quirófano, incubadoras, habitaciones… Solo, excepcionalmente, cuando se llevaban todas las habitaciones de esa planta, se llevaban a las parturientas a la quinta, en la que las habitaciones, aunque estaban muy bien, eran un poco menos estupendas. Pero eso, era solo en casos muy excepcionales. Solo les había pasado un par de veces. Eso me tranquilizó, seguro que a nosotras no nos pasaría…En el hospital también hacían charlas de preparación al parto, postparto, lactancia… Aunque teníamos que hacer el viaje hasta Barcelona, pensamos en ir a alguna. Con la emoción del momento, nos apuntamos a la de esa semana, pero llegado el día nos dio pereza. Bueno, decidimos ir a la siguiente que era dos semanas después. Mientras me enteré de que la comadrona-molona volvía también en un par de semanas. Todo era perfecto, estaba a tiempo de ir a alguna clase. A su vuelta, todavía me quedarían cuatro semanas de embarazo…
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