Vivir juntas, la aventura que no se puede tomar a la ligera

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Admitamos que cada vez que volvemos a entablar una relación seria tenemos la esperanza de que será la definitiva, y si no es la definitiva, al menos, que durará un largo periodo de tiempo en el que inevitablemente se dará una convivencia de mayor o menor grado. Es por ello que tirarnos a la piscina no nos cuesta en absoluto, porque el fin o la meta la vemos como un idílico paraíso donde la persona que queremos se muestra como al principio pero por siempre. Pero no nos engañemos, ni ella ni tú vais a ser siempre igual. No quiere decir que os dejéis de querer, pero sí que habrá una evolución por ambas partes. Esa evolución sumada al roce de la convivencia y al descubrir las manías y los hábitos cotidianos de tu pareja, puede hacer tambalear todo. ¿El secreto entonces de tener una convivencia sana y duradera? Una buena base. Conocer a la persona con la que vas a vivir no es quererla hasta el infinito y más allá, es desmitificarla y darle la oportunidad de mostrarse como la persona que es.

Eso también va por ti. Entendemos que al principio de la relación damos lo mejor de nosotros. No queremos decir que seas lo que no eres, pero de manera inconsciente tendemos a agradar, a mostrar nuestra cara más amable. Por miedo, por conquista o simplemente porque no tenemos la confianza suficiente como para mostrar al 100% tus frustraciones o tu cara de zombie a las seis de la mañana.

Tienes que ser consciente que hay que superar ciertas barreras antes de dar el paso de iros a vivir juntas y esas barreras solo se superan con tiempo. El terreno de juego tiene que ser otro, no vuestra futura casa. Digamos que hay que experimentar antes de dar por válida la teoría. ¿Seremos una buena combinación? Bueno, probad, pero que no os estalle en el sitio que debería ser vuestro templo: vuestro hogar.

Para comprobar vuestra compatibilidad podéis hacer pequeñas sesiones de convivencia. Claro está, dormir juntas os encanta, así que podéis aprovechar el fin de semana para ir una a la casa de la otra y compartir un par de días. Podéis probar también tiempos algo más largos como unas vacaciones. Evidentemente las vacaciones son situaciones no cotidianas y todo se hace mucho más fácil. ¿Buffet libre, servicio de habitaciones y piscina? ¡Así cualquiera! Aunque no sea una prueba totalmente fiable, al menos echáis lazos que consoliden. Personalmente, si quieres una prueba de fuego, ve a Ikea en hora punta: si superáis eso sin romper tenéis medio camino hecho. Si ya montáis una estantería compleja, por favor, ¡id mirando pisito!

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