Tan natural como una homosexual

la homosexualidad es natural

Tan natural como una homosexual

Hubo una salida de armario nada dramática a los quince años. A partir de ese día, que fue un simple trámite informativo como un “tengo novio” pero acabado en a, no recuerdo el día en el que me haya escondido. He ido de la mano de mi pareja, la he besado y nunca, jamás, me han dicho nada. Quizás este sea el empiece generacional en el que la homosexualidad es natural.

Pero voy a remontar diez años atrás cuando mis fijaciones siempre iban más hacia ellas. Cuando afirmo que la homosexualidad es natural, es porque lo he vivido en carnes propias. A los 5 años, la edad más lejana que recuerdo, me enamoré perdidamente de una de las azafatas del hotel donde estaba de vacaciones. Entendamos ese amor como un estado de pseudo obsesión. La concepción del amor no es la misma con cinco años que con veintiséis, pero en aquel entonces entre dibujarla o jugar con los demás niños, prefería la primera opción.

“Quiero dejar patente que animales

de más de 450 especies han optado por

compartir su existencia con un

ser de su mismo sexo”.

Ese tipo de recuerdos confirman que una no se vuelve lesbiana por alicientes externos, por propaganda -que diría Putin-, por moda. No. No había visto una mujer junto con otra en la vida. Mis padres, entonces felizmente casados, constituían una familia perfectamente normativa. No me vendas la moto de que es antinatural que dos personas del mismo sexo se amen o se deseen. Son sentimientos aflorados en un ser vivo, dónde está el artificio ahí. Quiero dejar patente que animales de más de 450 especies han optado por compartir su existencia con un ser de su mismo sexo.

Preveo una generación futura libre de estigmas en cuanto a la sexualidad se refiere. Desear es humano; amar es humano; coartar alguna de estas dos cosas cuando no corre peligro la integridad física o psicológica de algunas de las partes implicadas no lo es.

Habría que remontarse a la época en la que la gente se casaba por necesidad o por codicia, donde, por supuesto, la palabra de la mujer tenía el mismo valor que el balido de una oveja; donde los vientres eran hornos de neonatales con el futuro tan oscuro como el lodo que se pisaba para darse cuenta que los deseos individuales no se barajaban. Entiendo que había en todo eso un sentido práctico. Ahora carece de sentido.

La naturalidad de la homosexualidad, como de otras orientaciones, viene dada, es implícita en cada una de las personas. Quizás la cultura, los prejuicios, limitan a la hora de enfrentarse a las cuestiones que se nos presentan a lo largo de la vida. Pero bajo ningún caso es aprendido sino imitado. Sería la heterosexualidad impuesta como norma y aún así es burlada por el redescubrimiento de orientación sexual de muchos.

La homosexualidad es natural en general, en mi caso en particular, porque no impone, no excluye y no coarta. Cumple con todas mis deseos psicológicos, físicos, fisiológicos y biológicos y, bajo ningún concepto, es un contra hacia la sociedad.

Si buscas la definición de natural: “De la naturaleza, relacionado con ella o producido por ella sin la intervención del hombre”. Como cuando alguien inventó el sistema de comunicación del que estás leyendo esto y nadie le discrimina por ello.

-Elena G.S.

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