Porno vs. realidad | ¿Cómo afecta la ficción?

El sexo es natural, el sexo es sano. Criminalizar el sexo es un error. Hacer del sexo un tema tabú lleva a la desinformación y es esa desinformación la que alimentas ideas erróneas sobre el sexo. El sexo no es una idea de poder de una persona sobre otra, no es coacción, no es egoísmo. El sexo es un medio de expresión, es comunicación, sea cual sea la relación que tengas con la persona o las personas con que lo practiques. El sexo, siempre (recalco, siempre) ha de ser  positivo para todas las partes. 

El porno suele ser el primer contacto que tenemos con el sexo. Diferenciar la realidad del porno es crucial para no establecer las bases de nuestros encuentros sexuales en la ficción. Discutir si el porno es ético o no es irrelevante para el verdadero motivo del debate: que el porno no dañe nuestra vida sexual ni el de nuestros compañeros o compañeras.

Las comparaciones son odiosas, pero cuando el único sexo que has visto no ha sido el tuyo y te enfrentas a la primera vez, recurres a imágenes archivadas. Sí, la iluminación es mejor, pero no contabas con que la inexperiencia metiese también a los nervios en la cama. Sois multitud. A parte que nos han vendido la falsa idea de que la primera vez es inolvidable -por lo rara que fue, tal vez- y especial, llegamos a ella con un cargamento de expectativas que esperamos cumplir y que cumplan con nosotras. No, esto no es una escena de porno. Aquí no se tiene por qué gritar como si nos fuese la vida en ello para demostrar que estamos disfrutando ni hace falta ser ex gimnasta del Circo del Sol para tener buen sexo. Hola, esto es la vida detrás de las cámaras.

Porno vs. realidad

El porno genera frustraciones si lo consumes con el fin de educarte sexualmente. Las escenas no son un reflejo de la realidad. Sí, la realidad muchas veces supera a la ficción, pero ni aún habiendo momentos en los que una relación sexual se puede asemejar al porno, lo hará por decisión de los participantes, no por obligación. No por no estar físicamente como los actores y actrices porno, no por no hacer las mismas posturas, no por no hacer las mismas prácticas vas a ser peor en la cama. No te compares, se consciente de lo que sientes y comunícate con tu amante.

Hablando de comunicación, en el porno parece haber tal fluidez que parece un encuentro coreografiado… ¡Espera! ¡Es que lo está! No esperes que la otra persona haga lo que quieres sin decírselo y menos si aún no habéis explorado lo suficiente vuestros gustos. Que no sea un encuentro en donde la mirada lo dice todo para tener un encuentro pleno y fascinante no significa que algo vaya mal, muy al contrario, vuestra capacidad de comunicaros será primordial para que las relaciones futuras sean más placenteras para ambas. Aquí las guionistas sois vosotras.

Sin excitación no va a ir nada bien y NO todo excita. Puede que os encontréis solas en un sitio, pongamos que es un ascensor, uno de esos que van al piso doce y sube lento. Sería un buen comienzo para una escena porno, esas en las que el mero hecho de compartir un metro cuadrado durante más de dos minutos es tiempo suficiente para montarse en lujuria. Eh, no. Hay más cosas en las relaciones que el sexo por el sexo, aunque no sea una relación afectiva romántica. No todo ha de ser sexualizado y mucho menos obligarte a ser esa amante insaciable.

¿Qué me decís de los roles? Si algo nos afecta el porno a las lesbianas son los roles en el sexo. En el porno heterosexual siempre (casi, pero es que es una gran mayoría) el hombre domina a la mujer. Quien haya salido tarde del armario sabrá de lo que hablo. ¿En qué nos afecta eso? A pensar que la iniciativa siempre es de ellos. Cuando estamos con una mujer vosotras diréis como solventamos la problemática. Ah, ¿que me centre en el sexo lésbico? ¿Sí? ¿Ese en el que cada vez que aparece un hombre les falta arañarse la cara para estar con él? ¿O ese en el que la exageración vuelve a ser el epicentro del encuentro?

Cada vez hay más productoras porno que apuestan por la diversidad y la visibilidad, donde las escenas parecen formar parte de un escenografía menos ficticia y más cercana; en definitiva, intentando captar momentos en los que las consumidoras puedan verse reflejadas y no al revés. Al fin y al cabo el sexo, sea ficción o sea real, está para disfrutarlo.

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