Por qué el “mi hija y su amiguita” no nos hace ni os hace ningún favor

amiguita

Llega el día en el que sales del armario o el día que presentas una pareja oficial a la familia. Con un poco de suerte a tu familia le es indiferente la orientación sexual que tu tengas y todo es felicidad y apoyo hasta que llega la hora de algún evento multitudinario donde la familia se extiende más allá de padre, madre y hermanos (hablamos de una familia heteronormativa). A partir de ahí no tienes pareja cara a la galería y ese pibón que te agarra de la cintura y te mira con cara de querer comerte con patatas es tu “amiguita” y dormís juntas porque os gusta hablar de los chicos que os gusta hasta las tantas mientras os pintáis las uñas. Estoy exagerando, pero me entendéis. 

Primero, dudo que a estas alturas de la vida la palabra “amiguita” se entienda de manera literal cuando se tratan de dos mujeres jóvenes adultas. ¿Quién se traga eso? Alguien, no que rechaza, sino que descarta las relaciones lésbicas de una manera desconcertante. Segundo, ¿qué les hace pensar que pueden omitir tu relación? Cuando lo hacen, niegan a tu pareja, niegan tus sentimientos, tus decisiones y a ti. Y, tercero, no se hacen ningún favor. Es totalmente hipócrita aplaudir la libertad mientras la quitas y, al margen de eso, perpetuas el engaño al que desafortunadamente muchas personas del colectivo tienen que recurrir para sentirse a salvo. Invisibilizan, quitan la voz de personas que simplemente aman y se contradicen. ¿Cómo se va a normalizar el amor diverso si quien supuestamente lo hace se excusa ante el resto?

Salir del armario (algo que esperamos que no sea necesario en breves, porque no todo el mundo es hetero hasta que se demuetra lo contrario) puede ser complicado según en qué contexto estés, pero cuando aprendas a vivir en libertad deberías hacerlo sin medias tintas, concienciando a tu familia y no dejando que el miedo les arrastre también a ellos.

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